La universidad no puede, ni debe, perder el contacto con la sociedad, especialmente en lo que se relaciona con lo que espera a los ahora estudiantes una vez hayan abandonado las aulas.
Por eso, reproducimos hoy aquí este artículo de n+1. Esperamos que os guste y os mantenga alerta.
Autor: Jose María Echarte
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| El Intern: El Chupacabra laboral |
Digna de aparecer bajo la cabecera del programa de Friker Jiménez,
junto a otros ilustres mitos como el Chupacabra, los marcianos cabezones
de Roswell o el Yeti, encontramos -en esta España en retroceso en la
que habitamos- la misteriosa aparición de una figura que en los últimos
años tiene cada vez más –inexplicable- presencia.
Nos referimos, queridos amigos, al
intern. Y a su modus operandi, la
internship.
¿Cuándo empezaron los becarios a llamarse Interns? ¿Fue más o menos
cuando las magdalenas empezaron a llamarse muffins? ¿O quizá cuando los
comisarios pasaron a ser curators? ¿Fue tal vez cuando los cocineros
pasaron a restauradores?¿Quizá cuando a la explotación de estudiantes
Eramus y Leonardo se le empezo a llamar “Experience”?
Preparémonos pues, mientras ponemos
ESTO
de fondo y repetimos “Hace mucho que no se escucha en los montes
españoles, el aullido del contrato con seguridad social”, para descubrir
como nuestras propias imbecilidades estructurales, nuestros clichés y
fantasmas más idiotizantes y una buena dosis de impunidad y falta de
principios han dado lugar a esta desvergüenza.
Desengañémonos para empezar: La arquitectura española vive instalada en una proporción abrumadora en la
economía sumergida.
Acostumbrada tras años de desmanes impunes a manejarse con unas
estructuras empresariales que llegan ya a lo abisal por las que campaban
los falsos autónomos e incluso los “gratificados” sin factura con
pasmosa impunidad.
Es en este malsano ambiente donde la pirueta de la amoralidad más
absoluta alcanza el triple mortal sin red: Si el sistema ya resultaba
vergonzoso cuando se nutria sin ambages de falsos autónomos, el asunto
adquiere tintes de explotación en plantación negrera de Lo que El Viento
se Llevo cuando se reordena y adapta (Como si de un virus se tratara)
para, en tiempos de vacas flacas, apoyarse en el trabajo NO REMUNERADO
de “becarios” a los que a falta de beca (es decir, de soporte monetario a
su actividad laboral, que no formativa) que justifique tal nombre se ha
buscado una definición glamorosa, lo suficientemente hype para no
levantar la liebre:
Interns.
Para el intencionadísimo y perverso cambio de nombre intervienen
nuestros fantasmas profesionales -fruto de muchas horas de lavado de
cerebro “escolar” y de la labor de zapa de instituciones y medios que
han callado lo que todos sabíamos, de manera vergonzosamente cómplice-
para asumir que aquello que tiene una definición en la lengua de
Shakespeare es mucho mejor que su equivalente en la de Cervantes. Así,
el intern –cargado del postureo imbecil que nos invade a veces- oculta
una triste realidad: La de un titulado (O estudiante) de una carrera
harto compleja y que conlleva grandes responsabilidades convertido en un
“meritorio” más propio de un
guild medieval. En un explotado.
En –sin medias tintas- un esclavo.
Se llega incluso, en lo que no puede ser sino condenable como ejemplo
de practica deleznable, a apoyarse en la normativa Europea cuando esta
avala que las practicas “boloñesas” –obligatorias- pueden ser no
remuneradas para llenar estudios de “Leonardos” y “Erasmus” a los que se
emplea como mano de obra gratuita, saltándose a la torera el
ordenamiento laboral español según el cual un estudiante en practicas no
remuneradas no puede estar integrado en la estructura productiva de la
empresa de la que el empresario obtiene un beneficio o el ratio
/becarios – en practicas / trabajadores contratados/. Dicho de otra
manera: Pasándose la lógica que dicta que un becario, un estudiante sin
contrato realizando unas practicas impuestas por una universidad o –ya
puestos- un
intern, nopueden ocupar un puesto laboral regido por convenio por el arco del triunfo. O por el de la Défense que es más propio.
Llamemos pues a las cosas por su nombre. Por mucho que el término
parezca lleno de glamour, lo que se esconde debajo es la pura y dura
economía sumergida. La de los talleres ilegales. La de las naves
industriales a puerta cerrada. La de “¿Esto sin factura no?”. Eso y la
competencia desleal. La estafa a la seguridad social de un trabajador
que no cotiza y que no solo se queda sin derechos laborales
fundamentales (Bajas, embarazo, paternidad, maternidad, vacaciones etc)
sino que entra en una espiral en la que el perjuicio es triple: La
perdida de esos derechos (el más evidente), el empobrecimiento paulatino
de su profesión (Transformada en merienda de negros laboral) y en
ultima instancia el perjuicio al estado (Ustedes y yo) en lo tocante a
impuestos, cotizaciones, subsidios de desempleo (Que no se están
ingresando y que nos afectan a todos).
Parece por tanto de otro planeta –vista la realidad- que estas
cuestiones –que hace años se daban con quizá la misma frecuencia, pero
con mucho más silencio- se aireen ahora
con una inexplicable impunidad
(cuando no una descerebrada alegría) que demuestra que la brújula moral
de quienes justifican estas cuestiones y tienen además la desvergüenza
de darles una patina de normalidad (Incluso de bondad, a ese extremo
llegan las cosas) está tan desviada que el camino de retorno parece ya
imposible.
Dentro de ese grupo resulta ejemplo preclaro
este anuncio reciente (5 a de Agosto) de la
Fundación Enric Miralles
en el que se solicitaba un “Arquitecto proyectista especializado en
infografía”. Las condiciones de “contratación” eran (Las negritas son
nuestras):
La Fundación Enric Miralles ha abierto la convocatoria para realizar prácticas. La oferta es para un internship no-remunerado de unos 6 meses en los que explorar el trabajo arquitectónico en los proyectos que desarrolla la Fundación.
A través de esta convocatoria anual, se busca avanzar en nuestro trabajo, así como profundizar y ampliar nuestra comunidad.
Apreciamos solicitantes que están trabajando en los campos del
diseño gráfico y la comunicación que estén familiarizados con la obra de
Enric Miralles.
PROYECTO
El becario trabajará en el proyecto de diseño de un Centro de Salud de Medicina Tibetana en la isla de Tenerife.
La Fundació Enric Miralles, a través de su labor en proyectos de
arquitectura, realiza una intervención renovadora en un inacabado y
deteriorado proyecto inmobiliario, para transformarlo en un centro
terapéutico de Talasoterapia para el cuidado y bienestar del cuerpo.
El proyecto, promovido por la Comunidad Dzogchen, se localizará en
el Municipio de Adeje, situado en la isla de Tenerife, España.
CALIFICACIONES
Uno de los principales objetivos de la Fundación es el de
preservar los altos estándares de trabajo y reflexión que caracterizan
el legado de Enric Miralles, pero no tenemos un conjunto definido de
requisitos para los internos que acepten venir: alentamos las
candidaturas con diversidad de orígenes.
El candidato ideal tiene un alto dominio de herramientas de
diseño 3D. Y por la vertiente internacional del proyecto se valorará un
alto conocimiento de la lengua inglesa, tanto escrita como hablada, así
como del catalán y el español.
HORARIO
El horario de la Fundación es de 9 a 14h y de 16 a 19h; de lunes a viernes.
MATERIALES NECESARIOS
1) El actual CV.
2) Algunos ejemplos de su trabajo y sus actividades (portfolio).
El descabalamiento mental del anuncio y la sarta de falacias que contiene resultan dignos de estudio.
En primer lugar porque se pide UN ARQUITECTO ESPECIALIZADO, pero a
renglón seguido se define el “puesto” como unas “practicas”. Parece
curioso que se busque un perfil especializado para colocarlo en unas
prácticas en las que –por definición- el interesado está formándose (¿En
qué, si ya venia especializado de casa?). Aumenta el nivel de
surrealismo cuando se entiende que el contrato busca un Arquitecto
titulado, es decir, alguien en disposición de incorporarse al mercado
laboral y al que habrá que dar una formación pero entendiendo que esta
es una inversión del contratante y no un regalo envenenado a descontar
como hace el anunciante.
La descripción del cometido del “becario” (Se nos va a gastar la
tecla de las comillas) es peor aun: El becario TRABAJARA, una
contradicción en términos que no hay por donde agarrar, seguida de una
descripción de un proyecto real sobre el que trabajar.
Independientemente de que este ultimo sea para una fundación o para una
empresa (O lo que cualquiera de ambas vaya a hacer con el mismo), el
trabajo NO REMUNERADO no son practicas, no son una beca, no es
formación. Es simple explotación.
En cuanto a las características del currículo, de nuevo la dicotomía
tramposa. Se está ofreciendo una suerte de “beca”, falsa, NO REMUNERADA y
sin embargo se aclara que se va a trabajar, para lo cual se solicita un
ALTO DOMINIO de herramientas de diseño 3D. ¿Y para que sirvan las
prácticas si el solicitante ya domina aquello en lo que se supone debe
formarse?
Es nuestra opinión que está muy claro para qué:
Simple y llanamente para tener un trabajador gratuito –explotado- al
que se está pretendiendo pagar con una “experiencia” que jamás debe ser
sustituto de un salario. Para sumergir aun más el mercado laboral de los
arquitectos en la fosa en la que lleva años hundido. Para no valorar, y
por tanto despreciar, el trabajo profesional y a la profesión. Para
todo ello pero con el glamour falso del “internship” y unas buenas dosis
de estomagante paternalismo. Desde luego queda mucho mejor que escribir
“Se busca explotado en economía sumergida para trabajo esclavo”.
[Conviene señalar que la presidenta de la Fundación E.M. ya tuvo unas
desafortunadísimas y aberrantes declaraciones a este respecto en
una reciente entrevista en Diariodesign.
También, como curiosidad, que es la autora –Obra publica, nada menos-
del Pabellón de España en la Expo de Shangai lo que convierte todo en
una surrealista metáfora sobre la realidad de eso que llaman
estúpidamente “Marca España” y que parece consistir en cortar jamones
ibéricos por las embajadas y en darnos pisto por una arquitectura de la
que personalmente me importan muy poco los resultados si se consiguen de
ciertas formas]
El i
ntern, seamos claros en fin, no existe legalmente. No es una figura real en el ordenamiento laboral español. Ofertar un puesto de
intern
no remunerado para desarrollar un trabajo es –a día de hoy- una
anomalía que no encaja en ninguno de los supuestos de contratación
existentes y que es en nuestra opinion ilegal. Su empleo, consciente,
busca de forma torticera pintar de rosa lo que es de color negro. Negro
Prada, pero negro.
No es un mal exclusivamente propio. En Inglaterra la presidenta del
RIBA, Angela Brady, con una claridad que resulta a todas luces
envidiable dada la galvana general de nuestras instituciones propias a
este respecto,
dejaba claro recientemente que:
“Work is work and pay is pay: Lets drop this word “INTERN” it was
never part of architecture. It implies exploitation to me? What you
think?” The term “intern” has no legal status in the UK.
No se queda ahí Angela Brady. De hecho pide explícitamente a los estudiantes (
Interns,
etc) que si su situación laboral en un estudio miembro del RIBA les
ofrece dudas, acudan inmediatamente a la institución. Y no se trata solo
de que la cabeza visible la institución esté propugnando lo que es
justo y honesto, se trata de tener muy claro que, en última instancia,
el perjudicado de peor recuperación es la propia profesión.
Existe no obstante una diferencia entre el RIBA y nuestros amados
colegios. El primero adopta una actitud proactiva. Exige a sus miembros
la firma de una declaración que les obliga a pagar, al menos, el mínimo
interprofesional a todos los estudiantes en practicas trabajando para
formarse en los estudios,
interns y demás especies (Trabajo es trabajo, y salario es salario). No digamos ya arquitectos titulados.
De hecho el RIBA inspecciona a los estudios. Un 5% del total
anualmente. Y la sospecha de haber contravenido la declaración a la que
se comprometieron es suficiente para la suspensión de membresía.
Hace tiempo que venimos abogando por este enfoque activo para nuestra
situación. El resto, incluida la inclusión como falta deontológica, aun
no publicada y por tanto no vigente, son paños calientes, no negamos
que bienintencionados, pero que van siempre diez metros por detrás de
quienes no solo destruyen nuestra profesión sino que lo hacen además con
alborozo.
Se acercan unas elecciones al CSCAE, y tiempo tendremos de hablar de
un proceso electoral que tememos deje de nuevo a los colegiados al
margen, pero esta santa casa tiene claro que si un candidato quiere
enfrentar los próximos cuatro años con un mínimo de apego a la realidad y
de interés por resolver muchos de nuestros problemas, este aspecto debe
pasar de ser una lacra impune que todos conocen y que sigue su marcha,
imparable, a ser causa inmediata de intervención (Todo lo contundente
que sea necesario) por parte de –al menos- unas instituciones a las que
debería preocupar que la economía sumergida esté plenamente instalada en
la estructura laboral de la profesión.
Nos evitaremos así algo que perjudica directa e indirectamente a
todos los que ejercen esta profesión con un mínimo de respeto y la
propia disciplina. Es a ellos, a esta última y a una sociedad a la que
mal servimos tolerando este continúo fraude a quienes los COA deben
defender, con toda la contundencia necesaria.
[agradecemos a José María Echarte que nos haya permitido reproducir este acertado artículo]